imanCada forma de vida, cada célula de cada ser vivo tiene campos magnéticos. Algunas zonas en el cuerpo son de un polo y otras de otro. Por ejemplo, el cerebro está polarizado en negativo y su periferia en positivo -requisito necesario para que se produzcan intercambios eléctricos y de sustancias químicas.

La naturaleza parece utilizar los iones y la corriente eléctrica que ellos transportan para coordinar las actividades intracelulares y ciertas relaciones entre células cercanas. Cada célula tiene su propia carga magnética (medible en microgauss) y su propio potencial eléctrico, que se pueden medir a nivel de la membrana. Una célula sana tiene unos 70 milivoltios y una célula muerta menos de 25 mV.

Hoy sabemos que el campo magnético negativo es alcalinizante, y este estado favorece la vida porque permite que el oxígeno esté presente. También se sabe que este campo es reductor, dispersor, analgésico, enfriante. Imanes en polo negativo aplicados sobre un área inflamada calman el dolor.
El campo electromagnético positivo, en cambio, aparece en áreas acidificadas, donde hay procesos inflamatorios. Genera calor, estimula el crecimiento de los tejidos y su reparación.

El cuerpo humano desarrolla todos estos procesos y produce cambios en los campos magnéticos celulares por sí mismo, casi siempre. Pero a veces ante un traumatismo o intoxicación o condiciones que agreden a ese organismo, este no responde adecuadamente. Entonces es cuando se puede intervenir con los campos magnéticos envasados en imanes.

La aplicación de campos magnéticos en sus diferentes modalidades aumenta el flujo sanguíneo y optimiza la oxigenación de los tejidos celulares. Su acción sobre la actividad eléctrica de la célula contribuye a polarizarla –esto significa ni más ni menos que ordenar sus moléculas– y conducirla a un estado de salud.
Los efectos de los campos magnéticos que pueden verificarse en el tratamiento son múltiples. Reducen las inflamaciones y los edemas, ya que normaliza el PH celular, eliminando los estados ácidos; calman o reducen los dolores, agudos y crónicos. Aceleran la regeneración del tejido óseo, equilibran la tensión arterial, y el colesterol o glucemia en la sangre. Favorecen la recuperación de enfermedades, tienen influencia sobre la glándula pineal y la secreción de melatonina, útil en casos de insomnio. Equilibran el potencial eléctrico por sobrecarga de las funciones mentales, tales como obsesiones, compulsiones, estrés o depresión. Reducen los depósitos grasos, pues controlan su acidez. Limpian arterias y mejoran la distribución de los minerales en el organismo, disminuyendo los depósitos de calcio y colesterol.

Se trabaja en sesiones, con el paciente en una camilla –no hace falta quitar la ropa- en las que se aplican imanes por unos minutos y se le indican al paciente rutinas domiciliarias que incluyen la autoaplicación de imanes.

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