alcachofera hoja

ayuda a recuperar las funciones de filtraje del hígado tras una intoxicación o trastorno hepático –hepatitis, cirrosis, ictericia, etc.–, favorece la secreción de bilis y previene los cálculos de vesícula.

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Descripción

La alcachofera (Cynara scolymus) se parece mucho, en efecto, al cardo (Cynara cardunculus), aunque sus brácteas no son espinosas. Es una planta robusta, con grandes hojas en roseta, segmentadas, de color verde azulado. Del tallo, de unos dos palmos de largo, crecen una o dos cabezuelas florales, las alcachofas, recubiertas de brácteas duras. Las flores son azules y tubulares.

Diurético eficaz
La parte tierna y comestible se encuentra en el interior de las cabezuelas, pero en fitoterapia se usan también las hojas más jóvenes. La alcachofa contiene un componente amargo –la cinarina–, otros principios amargos como la cinaropricina, flavonoides, ácidos cafeico y clorogénico, sales minerales –potásicas y magnésicas–, y vitaminas C y B.
Las alcachofas no solo son un alimento muy valioso por su aporte de vitaminas y minerales, y sus escasas grasas. Además se les atribuyen numerosos efectos terapéuticos. Son un diurético excelente, muy útil para favorecer la emisión de orina y aliviar trastornos urinarios como la infección de vejiga y uretra, las piedras en el riñón, el exceso de ácido úrico y urea o los edemas.
Las hojas de la alcachofa ayudan a mantener a raya la tensión arterial. Para eliminar líquidos se puede preparar una infusión diurética combinando alcachofera con cola de caballo, abedul, ortosifón y menta; se hierven dos cucharadas de la mezcla por medio litro de agua dos minutos, se deja reposar diez y se cuela. Se bebe durante el día, incluso en frío.
Pero sin duda una de sus virtudes más celebradas es su capacidad para reducir las tasas de colesterol LDL y triglicéridos. A tal fin se combinan sus hojas con hojas de almez, frutos de paliure y diente de león: de nuevo dos cucharadas soperas de la mezcla por medio litro de agua, se hierve un minuto, se deja reposar y se cuela. Se bebe la infusión a lo largo del día, en pequeñas dosis.

Protector hepático
Por sus principios amargos, la alcachofa estimula la secreción de jugos gástricos y abre el apetito, por lo que se aconseja a personas debilitadas, inapetentes y anoréxicas.
La cinarina, de efecto hepatoprotector, ayuda a recuperar las funciones de filtraje del hígado tras una intoxicación o trastorno hepático –hepatitis, cirrosis, ictericia, etc.–, favorece la secreción de bilis y previene los cálculos de vesícula.
Precauciones. Es preferible no tomar alcachofera durante el periodo de lactancia, para evitar traspasar sus principios amargos a la leche materna.
Presentación. En fitoterapia se presenta en hojas frescas para infusión, tintura, extracto líquido, cápsulas y comprimidos, además de las alcachofas en alimentación.

Infusión depurativa y hepatoprotectora

Sus hojas, combinadas con otras plantas depurativas, ayudan al hígado a cumplir mejor sus tareas de eliminación.
Se asocia alcachofera con boldo, diente de león y fumaria; una cucharada sopera de la mezcla a partes iguales por vaso de agua. Se hierve durante un minuto, se deja reposar diez y se cuela. Se toman dos vasos al día, tras las comidas. Para atenuar el sabor muy amargo del remedio se puede añadir anís estrellado, menta o corteza de naranja amarga.

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